domingo, 4 de marzo de 2018

El San Juan de Jesús Despojado.


La bella imagen de San Juan Evangelista de la Hermandad de Jesús Despojado es obra del imaginero Juan González Ventura, realizada en 1981 y bendecida el Viernes de Dolores de este año. Una imagen que va a la derecha de la Virgen no por algún invento de los tantos que hoy vemos, simplemente porque a lo primero la Hermandad tuvo la idea de que acompañara a la Virgen también María Magdalena, la que iba a ir a la izquierda y por una comisión artística mandada por el Arzobispado que no dio el visto bueno no se pudo llevar a cabo.


Vemos al San Juan vestido con su clásica túnica verde y mantolín granate, girando suavemente la cabeza hacia la izquierda mirando a la Virgen y con su brazo izquierdo señalando hacia la Vía Dolorosa. De su bello rostro caen tres lágrimas, dos en su mejilla derecha y una en la izquierda, con bigote y perilla, viéndose por la boca entreabierta la dentadura superior. Una imagen muy conseguida que González Ventura supo plasmar.

La Alegoría de la Inmaculada de Esturmio.


La Alegoría de la Inmaculada es una genial obra del pintor Hernando de Esturmio de 1555, la cual se encuentra en el Panteón de los Duques de Osuna de la Colegiata. Un conjunto de estilo renacentista, y una de las grandes obras pictórica que la Archidiócesis de Sevilla conserva.


Se representa en esta pintura en tabla a San Joaquín y a Santa Ana, padres de la la Virgen en actitud orante, con dos azucena que se cruzan a los pies de la Virgen con el Niño. Con dos Ángeles volando a los lados de la Virgen y otras figuras detrás de Santa Joaquín y Santa Ana. Obra de la que destacamos su impresionante marco, de una enorme calidad al igual que la pintura.

La Inmaculada de Montañés de el Pedroso.



La bellísima e inigualable Inmaculada del Pedroso se encuentra en la Iglesia de Consolación, obra del genial imaginero de Alcalá la Real (Jaén) Juan Martínez Montañés hacia 1608. Una imagen, que es uno de los mayores tesoros que el Pedroso atesora.

Se representa a la Inmaculada con su rostro aniñado, manos juntas en oración con la mirada baja. Encontrándose una cabeza de Ángel con las alas extendidas a los pies, la cual recoge entre sus brazos el manto de un riquísimo estofado.

Hay que recordar de esta espléndida imagen, que es la primera talla que hizo de este tema el gran Montañés. Por esto nos encontramos no sólo ante tal maravillosa obra de arte, sino también a la primera que el maestro realizó y de donde se inspiraría para otras posteriores.