sábado, 18 de febrero de 2017

El afrancesado cura Aceijas.


Fue este Aceijas cura de Santa Ana de Triana, llamándose José González Aceijas (nada que ver con un servidor aunque el apellido lleve). 

Era afrancesado Aceijas, se podría decir que incluso más que una región, por eso a finales de Marzo de 1810, escribió una carta el muy rastrero e hipócritas al Rey José Napoleón, en la que le decía muchísimas cosas buenas, típico de un hipócrita.

Un día el cura Aceijas, predicaba en su iglesia de Triana de Santa Ana, cuando de pronto empezó a hablar al favor del rey francés. Pero cuando estaba más emocionado en su hipócrita sermón, sonó una voz en el templo: ¡Embustero! ¡Eso es profanar la cátedra del Espíritu Santo! Y otra voz: ¡Es un pícaro! ¡Que lo maten! Todo un alboroto el que se montó en la Iglesia, lo que hizo que la función se acabase. 

Tanto se montó, que hasta el gobernador francés envío a más de 50 hombres a caballo para tranquilizar la riña.
Como suele pasar hoy con otros curas, este pícaro Aceijas, al no poder seguir ya en el templo trianero por peligrar su vida lo mandaron para salvarlo a Extremadura como vicario apostólico y gobernador eclesiástico de toda esa provincia al muy mamoncete. Ya se pueden imaginar la que seguiría liando allí el muy pero que muy...

Lo mejor de algunas cervezas.


Lo mejor que tienen algunas cervezas que no son la Cruz es el color que te engaña y con tres que te tome coges un bolillón que te cagas hasta el pié.

Carlos IV en Sevilla.


Es en diciembre de 1795, cuando llegó la noticia al Ayuntamiento sevillano de que el rey Carlos IV venía a Sevilla para cumplir una promesa que había hecho la reina doña María Luisa a San Fernando, de visitar el sepulcro si se sanaba el príncipe de Asturias don Fernando de una dolencia. 

Este príncipe fue Fernando VII, conocido por muchos como "el indeseable", noveno hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma.

Los vecinos de Sevilla engalanaron las calles y balcones para la llegada del Rey, entrando en Sevilla con su corte el 18 de Febrero de 1796. Al día siguiente los Reyes fueron a la Catedral para visitar a Fernando III, el Santo, siendo recibido por Capellanes Reales donde presentaron al príncipe a San Fernando para cumplir su promesa.

Estuvieron en Sevilla los Reyes casi dos semanas, los que fueron obsequiados por el pueblo con funciones teatrales, carreras de cinta, corridas de toros y cacería de lobos en los montes de Gerena. Menos mal que vinieron por una promesa...