domingo, 26 de febrero de 2017

La Macarena y el reloj.


Cuenta una leyenda, la que a usted a lo mejor que es muy culto y no se la cree, pero que siempre hay que contarla y sobre todo respetarla porque el pueblo así lo cree, que cuando la Hermandad de la Macarena estaba establecida en la Iglesia del convento de San Basilio, sólo tenía un Crucifijo, no Virgen alguna, por esto más adelante sería cuando la  Corporación empezó a ilusionarse de tener una Virgen.

La primitiva Hermandad era muy pobre, nada que ver con la que hoy estamos acostumbrados a ver por las calles de Sevilla, por lo que se interesó la Hermandad en una imagen de la Virgen que estaba en el Hospital de las Cinco Llagas, la que al parecer era de un viajero que enfermó y fue llevado al Hospital donde moriría sin hacer testamento alguno dejando su equipaje. Pasaron unos años y nadie reclamo nada, y al abrir dicho equipaje entre las cosas apareció la portentosa imagen de la Virgen, esta que la Hermandad desde que se enteró de la noticia la quiso adquirir.

Era la Hermandad de la Macarena poseedora de un reloj, que un devoto le había donado para que pudiera seguir las horas de sus vigilias nocturnas, pero que no usaba porque se servía de el de los monjes Basilios. Los cofrades enterados que el administrador del Hospital de las Cinco Llagas estaba interesado en un reloj, no duraron en ir a verlo para cambiarlo por la imagen, pero el administrador al no querer perder para siempre la Virgen les propuso que la escritura no constase como permuta definitiva, sino como una cesión temporal, por lo que la Hermandad prestaba el reloj al Hospital y este prestaba la imagen a la Hermandad, con la condición que solamente se podría cancelar esto exigieron los cofrades a petición de la propia Hermandad pero no por parte del Hospital. También añadieron los cofrades, que en ningún caso tendría que ser llevada la imagen al Hospital para que pudiera tener efecto la anulación de lo pactado.

Pasado un tiempo, el administrador del Hospital quiso devolver el reloj a la Hermandad y que está le devolviera a la Virgen, pero se opuso la Hermandad diciendo que solamente si se llevaba a la Virgen por voluntad al Hospital podría quedar cancelado el contrato. Al pasar unos años, un Viernes Santo durante la procesión  y de regreso a San Gil, que es donde ya estaba residiendo la Hermandad se había hundido la techumbre de la Iglesia, decidiendo los cofrades ir al sitio más cercano que era el Hospital de las Cinco Llagas, en el que cuando estaba llegando se escuchó una voz de un hombre mayor diciendo: ¡no la entréis, que la perderéis! ¡No la entréis, que la pretendéis!. Detenido el cortejo, el hombre mayor hablo con el hermano mayor y le dijo; sé esto porque hace muchos años yo fui aprendiz de relojero y ayude a mi maestro a instalar el reloj que la Hermandad dio al Hospital a cambio del préstamo de la Virgen, por lo que decidieron en ese momento los cofrades recogerse en la Iglesia de San Hermenegildo, junto a la Puerta de Córdoba. Verdad o leyenda no se sabe, lo que sí se sabe es que no deja de ser una historia que más bien engrandece y enriquece a nuestra Semana Santa.

Hospital de las Cinco Llagas .


Foto de Jesús Martínez. La Macarena.

Amor en la Torre de Don Fadrique.


Al morir la esposa primera de Fernando III, doña Beatriz de Suabia, Fernando III por consejo de sus ministros y prelados contrajo nuevo matrimonio con doña Juana de Pontiheu, para establecer relaciones de amistad con Francia, a cuya familia real pertenecía doña Juana (algo que siempre hicieron los Reyes).

 Entre Fernando III y doña Juana había una diferencia abismal de edad. Pues ella tenía unos diecisiete años mientras el Rey casi cincuenta, toda una barbaridad que entre los reyes no pasa nada pero fuera de este círculo mejor me callo.

Después de casarse Fernando con Juana, las campañas militares tuvieron al rey bastante alejado de la joven Reina, que cuando se acercaba a ella solo lo hacía por obligación de débito conyugal. Vino la Reina Juana a Sevilla por Fernando III cuando terminó una de sus campañas, los que se aposentaron en el Alcázar. Pero cuatro años después, doña Juana quedaría viuda por la muerte del Rey Santo, aún joven y guapísima, por lo que un día sin esperárselo el Infante don Fadrique , hijo de Fernando e hijastro de Juana fue al Alcázar para presentar sus respetos a la Reina viuda, quedando ambos desde entonces enamorados.

Recién conocidos el infante don Fadrique y la Reina salieron juntos a cazar al río Guadalquivir, lo que hizo hablar a muchos chismosos al igual que hoy, que se meten en todo menos en su casa. Por esto y también por la llegada del invierno, don Fadrique mandó hacer una torre para  defensa de la ciudad, algo que ni el mismo hermano Alfonso X el Sabio creyó por mandarla hacer dentro de la muralla. Esta torre es de estilo románico y gótico, la cual sirvió de nido de amor para los jóvenes amantes don Fadrique y la Reina unos años, pero viendo la Reina que era un amor imposible se marchó a su tierra.

Cuando doña Juana se fue de Sevilla  por el río dirigió su última mirada con los ojos llenos de lágrimas dicen hacia la torre don Fadrique, la que le sirvió de refugio para encontrarse con su amor haciendo una señal con su pañuelo hacia la torre, donde se encontraba don Fadrique llorando y el que con su mano le dijo un adiós triste y cansado. Alfonso X el Sabio enterado de  todo, y obligado por el dichoso clero y la vomitiva nobleza autorizó un proceso contra don Fadrique, acusado de haber ofendido el decoro real al tener amores ilícitos con la viuda del Rey, por lo que fue sentenciado a muerte y ejecutado en Toledo. ¿A cuántos habría hoy que sentenciar?.

Foto Universidad de Sevilla. Torre de Don Fadrique.

Fotógrafos.


Estoy pensando en comprarme una cámara de fotos de unos cuatro mil euros y mandar al CARAJO a más de un fotógrafo maleducado que se creen que las fotos sin firmas hay que adivinarlas.

Hoy no es Domingo de Carnaval.


Hoy no es Domingo de Carnaval. Domingo de Carnaval en España la de la Caña son todos los días. No ni ná..

A mis amigos los críticos.


A mis amigos los críticos.

Yo soy crítico de carnavales. Yo soy crítico de semana santa. Yo soy crítico taurino pero de nada me entero. Yo soy simplemente crítico, crítico que es lo que me interesa...

Es una pena.


Es una pena que se olviden a grandes personajes de nuestra Semana Santa para recordar a otros que nada hicieron por ellas pero que  por suerte de cuatro amigachos pasan a la historia.