domingo, 3 de noviembre de 2019

Astarté y Hércules en Sevilla.


Diosa Astarté.


Hércules.


Según la leyenda, y no yo ni usted que a buen seguro como otros intelectuales no cree en ella con la diferencia que yo si, Triana no formó parte de Sevilla. Y todo fue debido a la diosa Astarté y a Hércules.

Como decíamos, según la leyenda, Hércules estuvo muy enamorado de Astarté, a la que perseguía sin descansar y ansiaba tanto que ya cansada de Hércules se refugió en la orilla occidental del bello Guadalquivir. Lugar donde hoy se encuentra el barrio Triana que Astarté fundó, mientras que Hércules en su obsesiva búsqueda de la diosa descubrió una tierra que estaba frente al barrio, fundando Híspalis.

Dos fundaciones podríamos decir por casualidad, o por la pesadez y obsesión que Hércules sentía hacia la diosa, y no fue denunciado por ella  como hoy seguro hubiera sido denunciado y hasta esposado. Este es el origen mítico de Sevilla y Triana según la leyenda, y no yo ni usted.

El oficial francés de Triana.



Fue en el siglo XIX, cuando al avanzar los ingleses y tropas españolas por Triana expulsando a los mamones franceses, se produjo un encuentro en Triana entre el hospital de la Cruz Roja y la Cava. Unas huertas llamadas por aquella época "El Martillo Alto".

En los enfrentamientos murió un oficial francés en uno de los callejones de las huertas, el que pasado el tiempo y ya terminada por fin la guerra, se edificó por la misma zona y se formó una calle. Donde los vecinos de la calle a dertmibadas horas veían salir a un hombre que paseaba por la calle y volvía a entrar en la casa de donde salía, no volviéndose a ver durante el día. Esto es lo que hizo creer a los vecinos que por las noches salía el espíritu del oficial francés que murió en aquel último combate.

Ante todo lo ocurrido con el oficial francés, los vecinos fueron al Convento de San Jacinto para pedir a los frailes que hicieran algo para que aquella ánima en pena dejase el lugar. Pero ni las procesiones y otros remedios pudieron evitar seguir con la presencia de aquel fantasma francés. Por esto a la calle se le llamó del duende, hasta que años después todos los vecinos se dieron cuenta que aquel francés estaba más vivo que un niño en el recreo del colegio. Si, vivo porque fue acogido por una joven del lugar que alojó en su casa y curó sus heridas, viviendo el oficial varios años ocultó en la vivienda.

Se cuenta que la joven y el oficial tuvieron varios hijos (y no precisamente fantasmas). Una historia que cuando se solucionó el oficial pudo hacer una vida normal como cualquier otro vecino y saliendo sin ningún problema a las horas que quisiera. Tomando la calle el nombre de Ruiseñor en 1890.