martes, 7 de enero de 2020

El Emperador Adriano.



Nació el Emperador Adriano el 24 de Enero del año 76, y falleció el 1 de Enero del año 138, nacido en Itálica, junto a Sevilla en la Bética Romana, uno de los grandes emperadores de la Roma antigua. Tan solo con 10 años quedó huérfano de padre, siendo su madre natural de la bella Cádiz.

Tras la muerte del padre de Adriano, se hicieron cargo de él como tutores Trajano y L. Acilius Attianus. Vivió a la sombra de Trajano, y ascendería en el imperio hasta en la más alta magistratura del estado romano. Cuando Trajano murió no dejo sucesor, por eso se cree que Adriano se alzo con el poder gracias al adulterio por la mujer de Trajano, la que estaba enamorada de Adriano hasta los huesos y firmaría el documento de adopción de Adriano porque tal como estaba Trajano de mal por su enfermedad no podía hacerlo, manteniéndose en secreto la muerte de este para que la adopción de Adriano se proclamase antes de la muerte del Emperador. 

Cuando subió al poder Adriano tenía 40 años, del que dicen que era guapo, elegante, alto,  de pelo rizado y barba rubia que los romanos imitaron hasta la saciedad sin saber seguro, que se las dejo para ocultar unas manchas que tenía en la cara. Todo un buen partido este personaje para algunas puretonas de la época, pues hay que decir que pintada, cantaba y componía versos (como hoy muchos lo hacen pero mal y le publican un libro).

Era Adriano constante en el sentido del deber al Estado, al que sirvió con devoción (no como algunos hoy). Decidió cuando tenía 56 años construirse una tumba grandiosa como los edificios que mandó construir el Roma, inspirado en las formas del Mausoleo de Augusto. También levanto la Mole Adriana conocida hoy como el Castillo de San Angelo, y construyó en Roma un curiosísimo templo dedicado a la madre de su mujer Sabina, el que quizás sea el único en la historia dedicado a una suegra. Tenía cojones nuestro Emperador, porque dedicar un templo a la suegra ya lo dice todo, algunos no le dedicarían a la suya ni una esquela. Todo un grandísimo personaje que lo romanos consideraron como uno de los más grandes emperadores.