miércoles, 22 de febrero de 2017

No podemos dar tanto hilo.


No podemos dar tanto hilo.

Esta visto y comprobado, que no podemos dar tanto hilo al ser humano. Hay que darlo, pero controlándolo como a una cometa para que no se vaya demasiado alta y perderla, igual hay que darlo con el ser humano, porque si le das mucho hilo se puede perder no en las alturas, sino en cogerte la mano, el brazo y hasta el alma.

Y todo porque se suele confundir en esta España la caballerosidad, la educación y saber estar con cualquier cosa menos con estas tres, así nos va en el día a día con muchas personas, como una MIERDA.

Chismosos .

Tomen ejemplo algunos cofrades y chismosas que hay tela marinera en nuestras Muy Nobles y Muy Chismosas Hermandades .

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/01/15/francisco-una-parroquia-de-chismosos-y-chismosas-es-una-comunidad-incapaz-de-dar-testimonio.shtml

Los <<bizarrones>> de la Catedral de Sevilla.


Posee la Catedral de Sevilla doce magníficos blandones conocido por <<bizarrones>> de 1,85 centímetros. Todos de plata mexicana y que alumbran las grandes solennidades en el altar mayor.

Estos <<bizarrones>> fueron regalado a la Catedral por el ilustre canónigo de la Catedral hispalense Juan Antonio Bizarrón, quién fue agraciado con la mitra Arzobispal de la capital de México por gracia de su majestad Felipe V, cuando plantó su corte en  Sevilla hacia 1730.

Juan Antonio Bizarrón era natural de El Puerto de Santa María. Nació el 2 de Septiembre de 1682 y estudió en el Colegio Mayor de San Clemente de Roma, y cuando fue canónigo de Cuenca consiguió el arcedianato de Sevilla el 27 de Febrero de 1716. También fue Arzobispo de México por proponer su nombre Felipe V, y virrey de Nueva España, cargo este que no supo llevar muy bien.

Falleció Bizarrón en México el 15 de Enero de 1747, siendo enterrado en la Catedral sin estar terminada. No hay que olvidar, que no sólo regaló los <<bizarrones>>, pues también regalo a la Catedral sevillana un cáliz, unas vinajeras y algunas piezas más.

Foto de Leyendas de Sevilla.

Me pregunta una.


Me pregunta una que como estoy. Pues como me sale del...

El río Guadalquivir en la época romana.


Fue el río Guadalquivir en la época romana el que engrandeció a Sevilla, donde ya se había construido varios muelles de embarque por ser el río navegable.

 Se embarcaba en Sevilla ánforas de aceite, de vino y de aceitunas aliñadas, tal como suena (entonces no había tantos bares como hoy que nos la ponen con una cervecita), siendo todo embarcado para ir hacia Roma y otros sitios del Imperio.

Se encuentra en Roma un gran vertedero al que llaman el Monte Testaccio o Monte de los Tiestos (no confundir con los del Jueves en la calle Feria), dónde se pueden encontrar restos de cientos de vasijas con una marca o sello de los grandes alfareros de sevillanos. Fue el aceite tan importante en esta tierra, que los exportadores tuvieron a un prefecto de la exportación de este oro líquido. 

Esperemos que algún día, cuando quieran las empresas del aceite bajen de una...vez su PRECIO.

Monte de los Tiestos en Roma.

Cuando los romanos llegaron a Sevilla.


Fue en el año  206 a.C., cuando las tropas romanas que mandaba Escipión derrotaron al ejército cartaginés y se apoderaron del sur de España.

 Escipión no entro en Sevilla, este se estableció en la cercana segunda ciudad Vicus Italicensis (Itálica).
Como se sabe, Itálica empezó siendo un campamento para descanso y curación de los soldados veteranos, la que pronto fue transformada en ciudad residencial (nada que ver con Marina d'Or). Por esto Sevilla e Itálica eran diferentes, pues Sevilla era la ciudad comercial e industrial hispanorromana e Itálica la ciudad residencial de descanso de Roma, un estilo a una de las tantas urbanizaciones de lujo de hoy en día pero a lo romano.

Itálica.

El toro en Sevilla.


No se crean los amigos antitaurinos que el toro o el toreo es nuevo ni mucho menos.  Pues ya muchísimos años antes de Cristo era muy normal ver a gente divirtiéndose con el toro, esquivando a este con quiebros de cintura (pero sin capote ni paseíllo), lo que causó gran revuelo y admiración en los romanos.

Como vemos, nada es como parece, siempre digámoslo así, entre el hombre y el toro hubo ese morbo de enfrentarse el uno con otro. Lo que pasa es que no había como hoy nada de medios informativos, tanto conocimiento de todo y de nada a la vez y mucho menos antitaurinos, los que piden respeto pero luego no respetan ni a San Pascual Bailón.

Linces.


Ojalá por esta Tierra de Andalucía fuéramos todos unos Linces. Pues están más protegidos que cualquiera de nosotros a la espera de arreglar lo que sea.

Algo que dejaron los cartagineses en Sevilla.


Tras la denominación cartaginesa quedó en Sevilla algunas mejoras como la navegación por el Guadalquivir y las primeras construcciones  de carreteras, las que sustituyeron a las antiguas veredas de los celtíberos. Unas carreteras que hacían el bien a la población y no se iba como hoy van algunos golfos a 200 kilómetros  por horas por cualquiera de estás.

También introdujeron los cartagineses el elefante, y no precisamente como en estos tiempos que es utilizado para el circo, sino para el trabajo y gran ingreso de esta tierra, que hoy sigue dormida como la Bella Durmiente. Pero por desgracia, fueron los romanos los que se encargaron de quitar de un plumazo a los elefantes, por lo que se perdió este ingreso para esta tierra que al igual que toda Andalucía, hoy sigue sin despertar de un sueño.

Como curiosidad comentar, que la remontá de elefante fue puesta por estas tierras por Asdrúbal.

Asdrúbal.


Foto de Daniel Salvador.