lunes, 30 de abril de 2018

Con la democracia.


Con la democracia nos van a ganar el terreno, un terreno que cada ve es menos nuestro por culpa de la tonta Europa.

Ni solo podemos estar.


Ni solo podemos estar.

Ya ni solo podemos estar, parece que a esta sociedad desconcertada y pesada le da coraje que alguien este en un sitio como la playa completamente solo, bueno, acompañado de un libro. Si han estado alguna vez en una playa de esas solitarias, donde no se ve a nadie y se han puesto tendido en bolas tranquilamente a disfrutar de la soledad buscada, si alguna persona ha ido a esa playa en ese mismo día donde estaba usted, sin nadie a su vera a más de cien metros seguro que se le pone no al lado, sino en lo alto.

También es cansino, y ya no me refiero a la playa, me refiero a un bar. Donde uno va habitualmente a horas tempranas por la tarde a tomar un buen café y disfrutarlo junto al siempre compañero fiel, que es el libro y no algún amigo. Pues tengan por seguro, que si entra un grupito porculero y dando voces en el rincón donde uno se encuentra se ponen los muy mamones, teniendo un montón de mesas vacía, ¿casualidad? No, ganas de dar por culo.

Yo creo y lo digo de verdad, que tal como esta esta sociedad y sobre todo esta España, donde se chilla mas que se habla. Lo mejor que hay es quedarse uno en su casa, aunque también tengo que reconocer, que habría que desconectar el teléfono para que no nos molestase ningún familiar pesado o la imbécil de la Compañía Telefónica.  A ver cuando carajo se entera más de uno, que cuando uno quiere estar solo, es solo, sin que lo molesten ni le toquen los cojones.

Esas Ventas de Carretera.


Esas Ventas de carretera.

Añoro esas Ventas de carreteras, cuando uno dirección hacia cualquier lugar paraba para descansar un rato o echar una simple meaita, y luego tras lavarse las manos meterse entre pecho y espalda unas buenas longanizas y lo que se encartara. Siempre con el inconfundible olor a café del bueno y no el de hoy en gasolineras horteras, donde te lo ponen en vasos de plástico.

Fueron las autopistas las que le hicieron mucho daño a esas Ventas, llenas de recuerdos de la zona como llaveros, imanes para neveras o CD del inmortal Camarón, como también de muchos grupos de sevillanas. Las putas autopistas, si, las putas autopistas y la madre que parió a los que dieron la orden de hacerlas para cobrarnos su peaje y mantener de camino a un montón más de grandes golfos, esas fueron la culpable de que muchas desaparecieran.

Era agradable entrar en una de esas añoradas Ventas, las que cada vez van quedando memos. Donde se veía a gente normal, gente buena y trabajadora tanto en la barra todos juntos como en las mesas, no a esos de corbatas cínicos que nos dan sermones de como va nuestra nación con minúsculas y ninguno a dado un palo al agua. En esas Ventas se aprendía a ver la realidad de la España trabajadora y de la España de los chorizos, la de los políticos, los que vivían del cuento y siguen viviendo.

Una Virgen donada a la Hermandad del Gran Poder.



Se cuenta en el mundillo cofrade, tan exagerado algunas veces en mas inventar que investigar, que la Virgen del Dulce Nombre, obra de Castillo Lastrucci bendecida en 1964 en Jerez para la Hermandad de la Buena Muerte fue una donación del joven entonces Don Adolfo Arenas, nieto del gran imaginero Castillo Lastrucci a la Hermandad del Gran Poder.

Fue en 1959, cuando Adolfo Arenas donó dicen la Virgen de Castillo que hoy se encuentra en Jerez a la Hermandad del Gran Poder. Pero al no darle culto la señera Hermandad de la Madrugá se la devolvió al donante. Una imagen que si se fijan bien en su rostro, nos recuerda a otras del imaginero sevillano que procesionan no sólo en Sevilla, sino en toda Andalucía.

La jerezana Hermandad encargó a Castillo Lastricci una Dolorosa, dándole el artista cuentan la Virgen que pasó por la Hermandad sevillana. Contando la Corporación jerezana y sobre todo aclarando, que la Virgen del Dulce Nombre nada en absoluto tiene que ver con aquella Dolorosa donada por el nieto del imaginero, que era una imagen tallada en principio por el artista para una Hermandad de Córdoba, y que cuando la vieron en el taller la adquirieron rápidamente.  Verdad o no, no deja de ser una historia curiosa.