martes, 8 de octubre de 2019

El zapatero que se convirtió en Rey.


Foto de Peña.


Fue desde el año 759, cuando los árabes constituyeron el Califato de Córdoba, hasta el año 1030, transcurriendo tres siglos en los que Córdoba fue la capital de España, quedando Sevilla convertida en una provincia bastante importante pero sin rango político alguno. Pero en el año 1030, ocurrió un suceso bastante curioso. Pues el califa Hixen II, murió en extrañas circunstancias, en las que nadie vio su cadáver, incumpliendo la costumbre de exponer al duelo público el cuerpo del monarca fallecido, algo más que extraño.

Cuando se enteró de lo ocurrido el gobernador de Sevilla Abul Kasim lanzó al público una bomba de declaración: el califa de Córdoba Hixen II, no ha muerto sino que ha sido secuestrado por sus ministros, pero ha conseguido huir y el gobernador Abul Kasim le ha dado protección, y ha instalado el califato en Sevilla. 

Se alojó el califa Hixen II, en el Alcázar, donde asiste a una audiencia que acudieron los alcaides y gente más destacada de Sevilla para rendirle su respeto. Por lo que salió y se dirigió a los allí presente para hacer sus oraciones de acción de gracia a Alá.

No hay que ser muy listo para darse cuenta, que Abul Kasim es el que empieza al momento a dictar leyes y decretos firmándolos como visir y primer ministro de Hixen II. Al que muchísimas ciudades de España recibieron como califa y a Sevilla como capital del califato.

Aunque los documentos siempre llevaban el nombre de Hixen II, era Abul Kasim quien durante muchos años gobernó el reino de Sevilla. Pues el califa simplemente era su comodín, algo normal si sabemos que en verdad Hixen II, no era el verdadero califa cordobés, el verdadero murió tal como lo anunciaron los cortesanos. Este era un zapatero de Sevilla que tuvo la enorme suerte de parecerse tela al califa cordobés, por eso el muy astuto Abul Kasim lo cogió y puso en el trono sevillano, para él gobernar en su nombre. Ya se podrían equivocarse con un servidor y ponerlo aunque sea de Presidente de un Banco, tampoco hay que pedir mucho.

La muerte en la cena de las velas.



Fue en el reinado Visigodo de la Península Ibérica, cuando el general Teudiselo sería designado como nuevo Rey de los Godos en el año 548, casi ayer mismo. Era Tudiselo dicen un hombre experto en las Artes de la guerra, bastante joven y lanzado, con gran experiencia en las batallas y el que estaba más que acostumbrado a pelear y casi conseguir todo lo que quería, un estilo a nuestros cerdos políticos.

Al haber sido nombrado Rey Teudiselo, para nada cambió su forma de ser, es más, se volvió más impulsivo y tirano por todo el poder que tenía. El que en vez de mejorar la situación después de las guerras la empeoró usando su poder para subidas de impuestos que le permitían correrse grandes fiestas. Vamos, todo un fiel ejemplo de lo que hoy en pleno siglo XXI, siguen haciendo muchos que están en el poder, pero incluso más descarado e importándole un carajo el pueblo.

Llegó a ser tan cabrón Teudiselo, que mandaba a nobles a prisión y a misiones lejanas para él acostarse con las mujeres de esto. Como ven todo un comportamiento enfermizo, que hizo que muchos nobles se vengaran de él como fue en el año 549 en los salones de su Palacio en Sevilla, o según algunos historiadores en el Alcázar sevillano, donde le dieron un banquete a la luz de las velas con bastante vino para esperar a mitad del mismo el efecto que le haría el beber tanto a Teudiselo y apagar las velas como tenían acordado los conspiradores  a oscura para clavarle un puñal en el pecho. Así fue como los nobles se vengaron de este malnacido sin poderse culpar a ninguno por haberse cometido el crimen a oscuras y no haber testigo. Hoy esta misteriosa cena habría que hacérsela a más de un GOLFO POLÍTICO.