miércoles, 18 de noviembre de 2015

Libros y capataces.


Los libros son como los capataces de nuestra Semana Santa , los que menos suenan o fama tienen son los mejores.

En las manos de la Esperanza.


En las manos de la Esperanza está la luz de Sevilla, unas manos que hablan por si solas, donde Sevilla entera y parte del mundo han dejado un beso en ellas para nunca perder la Esperanza, unas manos que acogen a los desesperados que padecen enfermedades, problemas y los tranquiliza.

En las manos de la Esperanza está la vida. En las manos de la Esperanza está  el amor. En las manos de la Esperanza está la humildad. En las manos de la Esperanza está la confianza. En las manos de la Esperanza está la ilusión. En las manos de la Esperanza está el bien. En las manos de la Esperanza está la oración. En las manos de la Esperanza está el Rosario. En las manos de la Esperanza  están los niños. En las manos de la Esperanza están los mayores. En las manos de la Esperanza están los que se fueron. En las manos de la Esperanza está su Hijo Sentenciado y la luz de Sevilla, la que refleja el rostro más hermoso que la Madre Naturaleza y el mismísimo Dios haya visto, el de su Esperanza y Macarena.

Costaleros antiguos.


Los costaleros antiguos y no los de hoy fueron y han sido la esencia y el germen de lo que ha llegado hasta hoy. Un saber heredado de las trabajaderas del amor y la pasión según Sevilla, donde las cuadrillas eran más que un grupo una familia.

 No lo olvidemos, porque sin ellos nada sería lo mismo el mundo del costal, un mundo que cada vez más son los que van con un capataz que con los propios titulares de las Cofradía, quedando estos en un segundo plano sin tener  porque. Pues le pese a quien le pese, son la esencia, lo verdadero, lo sublime, la oración y nuestros titulares, lo demás todo es secundario.

Y referente a la palabra profesionales decir, que no es nada malo en llamarlo así a los antiguos costaleros. Pues tenían entrega, espíritu y sacrificio aunque cobraran, hoy sin embargo muchos de los que se meten debajo de las trabajaderas les faltan esas tres cosas y le sobran otras, como el presumir a lo altanero delante de los pasos y por las filas de nazarenos con el cigarro en la boca y más chulo que un ocho, no digo todos. Pero ustedes igual que yo saben que si una gran mayoría, a la cual habría que darle unas cuántas clases de catequesis para que comprendieran como se debe de salir de costalero en cualquier Hermandad y comportarse como un hermano más y no como un super héroe.

Dibujo de Javier García.