lunes, 6 de mayo de 2019

El imaginero Antonio Castillo Lastrucci.

Don Antonio Castillo Lastrucci.

Hablar de Don Antonio Castillo Lastrucci es no terminar, si, no terminar por lo grande que fue y el esfuerzo  que hizo durante su vida hasta el final en el difícil arte de la imaginería, por eso es imposible de explicar siquiera algo en tan pocas líneas.

Nació Don Antonio Castillo Lastrucci en Sevilla el 27 de Febrero de 1882, y falleció en la ciudad que lo vió nacer el 29 de Noviembre de 1967. Siendo Castillo el tercero de los cuatro hijos del matrimonio Eduardo Castillo del Pino y de Araceli Lastrucci, discípulo del grandísimo y poco reconocido por desgracia escultor Don Antonio Susillo, que tenía el taller frente a donde vivía Castillo y que un sobrino del artista llevó al taller para hacer figuras de barro, las que tan bien hacia que Susillo se preocupó más por Castillo que por el sobrino.

Ya nuestro artista mostraba maestría de sobra.
Se formó Castillo en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla en la década de 1890, quien contrajo matrimonio en 1905 con Teresa Muñoz García, con la que tuvo siete hijos. Pero al fallecer Teresa contrae segundas nupcias con Amparo León Retamar, quien le dio una hija. Las habilidades del artista sevillano hacen que gane bastantes premios, siendo en 1915, cuando la Diputación le concede una beca para estudiar en los Museos de París y Roma. Pero por culpa de la Primera Guerra Mundial no va a Roma y se queda en París, para luego ir a Madrid.

El primer taller de Antonio Castillo Lastrucci en Sevilla lo instala en la calle del Peral, en lo que fue el local de sombreros que  su padre tuvo. Donde realizó muchísimas imágenes en esta pasión por el arte de la imaginería, aunque hay que decir, que también tuvo Castillo otra gran pasión, la de los toros, que hasta llegó a querer ser torero. No sería hasta 1922, cuando le llaga al artista su primer trabajo de imaginería gracias a la Hermandad de la Bofetá, misterio que gustó bastante en aquella época a los cofrades en general.

Fue en 1923, cuando instala su taller en otro sitio de la ciudad, en la sevillana calle de San Vicente número 52. Decir de Castillo Lastrucci, que fue todo un grande en el arte de la gubia. Pues tras el conflicto de la Guerra Civil Española, reconstruyó muchísimas imágenes que fueron destruida, y muchas sin cobrar absolutamente nada. Entre sus discípulos destacan los imagineros Antonio Eslava Rubio y Rafael Barbero Medina. Este insuperable artista y buena persona, dicho por mi admirado amigo Don José María de Mena, una de las personas que mejor lo conoció, religioso y muy formal, el que hoy descansa en la Iglesia sevillana de San Julián desde 1995 a los pies del grupo que él mismo escupió de la Piedad.