martes, 21 de junio de 2016

Quiero votar a Pericles.


Pericles (495-429 a. C.) fue el mejor gobernante que contó la ciudad-estado de Atenas. Siempre se rodeo de artistas y pensadores, no de corruptos como los de hoy, que nos roban y nos vuelven a robar y no pasa nada, pasando su gobierno a la historia como el <<siglo de Pericles>>, al que calificó el historiador Tucídides de primer ciudadano de Atenas. Aprendan ustedes señores gobernantes de España, aprendan coño.

Fue tan grande Pericles, que al escuchar las alabanzas en su lecho de muerte dijo: Los que alabáis mi Gobierno olvidáis que es obra de quienes colaboraron conmigo. De lo único que me siento orgulloso es de que ninguna mujer de Atenas haya vestido luto por mi culpa. Aprendan ustedes señores gobernantes de España, aprendan coño.

Gatos en Egipto.


Parece ser, que fue en el antiguo Egipto donde nació el gato doméstico, siendo un gran perseguidor de ratas y ratones, que tan eficaces fueron, que acabaron pasando a ser casi héroes y, como tales, dignos todos  de ser reverenciados (no como algunos políticos que yo me sé).

Llegó su veneración a tal punto, que hasta apareció en el panteón egipcio Bastet, la diosa-gata, una deidad pacífica y doméstica, protectora de los hogares y amante de la música  pero igual como todos los gatos, muy impredecible. Así, que cuando se mosqueaba se transformaba en una temible mujer con cabeza de leona (igual que su mujer) y un temperamento mortal, que tomaba el nombre de Sejmet.

El personal estaba convencido de que todos estos gatos domésticos eran manifestaciones de la misma diosa, por eso los felinos de los cojones y simpaticones vivían del carajo, mucho mejor que usted y que yo hoy en españa. Es más, a la muerte de estos felinos merecian el honor de ser momificados y enterrados en sepulturas y sarcofagos específicos, y si algún tonto le daba por matar a un gato, era condenado a muerte en el momento, y antes de terminar, contaremos una curiosa historia: conocedor del respeto que sentía los súbditos del faraón por los gatos, Cambises II que no era tonto y emperador de los persas (528-521 a.C.), ideó para que se rindieran los habitantes de la ciudad de Pelusa la macabra idea de amarrar un montón de gatos a los escudos de sus soldados, por lo que los egipcios optaron rápidamente el rendir la ciudad, por su gran respeto y veneración a los felinos.


Desconocemos.


Desconocemos tanto, que muchas veces ni a nosotros mismos nos reconocemos. No nos paramos a pensar por un momento que el desconocimiento de hoy es muchísimos más grande que en tiempos pasados. Pues a pesar de toda la información venenosa, una gran mayoría de las veces seguimos sin mirar un libro, de hacer sólo el intento de abrirlo, hacer el esfuerzo de leer sus primeras páginas, adentrarnos dentro, disfrutarlo o simplemente intentar saber algo desconocido que hasta un niño de cinco años lo puede saber. 

Será todo esto lo que ha traído la tecnología, cosas buenas y más malas, las que han hecho que muchos abandonen los libros por entrar en el mundo del critiqueo y meterse en la vida de los demás, que es lo que a la gran mayoría le da morbo.

El Simpecado de la Hermandad de la Hiniesta.


Magnífico Simpecado posee la Hermandad de la Hiniesta, bordado en hilos de oro y sedas de colores sobre terciopelo granate hacia 1935, por Guillermo Carrasquilla, que siguió diseños juanmanuelinos. 

Presenta la curiosidad  en su óvalo central de llevar a la primitiva Dolorosa vestida de hebrea, la cual fue así expuesta a principio de siglo XX por el gran Juan Manuel Rodríguez Ojeda, haciendo historia por ser la primera imagen sevillana ataviada de esta forma en Sevilla. Seguro que igual que hoy, algún tonto haría una crítica.

Simpecado de la Hiniesta.

Incultura.com


Estúpidos como estúpidas que se creen saberlo todo sin tener un solo libro. Pero encima te hablan y hasta rebuznan, incultura.com

El Paso del Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta.


Este paso del Crucificado de la Buena Muerte de la Hermandad de la Hiniesta es de estilo neorrenacentista, en madera de caoba y casetones con motivos vegetales, en plata de ley diseñado por el gran orfebre Cayetano González. 

Fue Francisco Bailac quién se encargó de la carpintería, mientras que la talla es de Antonio Martín Fernández en 1972.

El paso lleva capillas, figuras y ángeles realizado en madera de naranjo por el artista malagueño Rafael Barbero. También lleva unos relieves como una custodia entre Seises, el Lavatorio y la Inmaculada, portando sus respiraderos a San Fernando, Patrón de Sevilla, San Hermenegildo, San Isidoro y San Leandro, obras estás de Francisco Buiza.