El barco que apareció en la Plaza Nueva.



Por unas obras del metro, se encontraron con un ancla y restos de un barco bajo la conocida Plaza Nueva. Pero lo que más impresionó fue el encontrarse con dicho barco durante las obras del metro en 1981.

Fue excavado en la Plaza Nueva un pozo circular de cuarenta metros de diámetro, donde hallaron ánforas como también columnas de mármol, pasando todo a disposición del Museo Arqueológico Provincial de Sevilla. Un pozo donde a unos doce o catorce metros apareció un ancla y los restos de un barco. Y apareció en dicho lugar porque antiguamente el río discurrirá por esta zona hasta que su cauce fue desviado artificialmente.

Los restos del barco según estudios, pertenecían a una embarcación islámica, construida durante la etapa de la ocupación musulmana con el fin de transportar a gentes y mercancía hasta el puerto. Siendo el ancla de origen bizantino y de dos metros.

El único Premio Planeta que ha ganado un sevillano.



Es el sevillano Manuel Ferrand, el uníco que ha ganado un Premio Planeta. Dicho premio lo ganó en 1968 por su novela Con la noche a cuesta. Unos premios donde no todas las novelas ganadoras son merecedoras del mismo pero en fin, es lo que hay.


La novela de Ferrant gira en torno a dos hombres que trabajan en la construcción del barrio de los Remedios. Uno es guarda de una obra y el otro sereno, el guarda es poco hablador, mientras el sereno es bastante hablador y hasta cotilla, algo muy común en muchas personas.

Siendo más bien sencillo el planteamiento de la novela, fue premiada por ser la creación de los personajes bastante realista.



El Castillo de Marchenilla.


El muy desconocido Castillo de Marchenilla de época andalusí se encuentra junto al camino que comunica Alcalá de Guadaira. Un Castillo que en sus comienzos fue una explotación agrícola que usaron los árabes durante su ocupación. Pero con las invasiones de los benimerrines, miembros del Imperio de origen benimerines en tierras reconquistadas por los cristianos propiciaron que estos construyesen un castillo con fines defensivos, siendo el terreno un regalo de Alfonso X a Rodrigo Álvarez.


Marcheanilla paso en la Edad Media a formar parte del señorío de Gandul y Marchenilla, instaurado en 1639 a favor de un mercenario, Arnau de Solier, quien apoyó a Enrique II en la guerra civil contra Pedro I. Pasando en el siglo XIV el señorío a la familia sevillana de los Velasco, los que decidieron ampliarlo con decoraciones tardogóticas, algo poco usual en la época para la arquitectura militar. Lgar donde se hicieron las paces de Marchenilla entre las familias nobiliarias de los Ponce de León y Guzmán.



Pasado un tiempo, el Castillo incorporó varias transformaciones como la construcción de la Capilla de San Isidro Labrador en el siglo XVII, como también la ampliación del recinto en el siglo XIX, que incluía un patio acortijado.

Zambobas.

Lo mejor de las Zambobas de Jerez es que si te cae le puedes decir a tu mujer que es del asqueroso asfaltado del pueblo, no del ciego que llevas.

El Puente del Alamillo.



Está el Puente del Alamillo aguantado de pilón contrapeso cruzando el bello río Guadalquivir, diseñado por el pícaro arquitecto Santiago Calatrava, el que a un servidor no le gusta un pimiento. Se terminó el Puente en 1992, el que fue construido para permitir el acceso a la Isla de la Cartuja, donde tuvo lugar la ratera Expo 92 y dode hasta Curro trincó.

El primer proyecto constaba de dos puentes iguales, mirando cada uno en su dirección opuesta pero el presupuesto no concebía a ambos puentes. Todo un despilfarro que todavía estamos pagando. Consta el Puente de un único pilar que actúa de contrapeso los 200 metros del mismo gracias a trece largos cables. Parecido bastante al que hizo Calatraba para Redding (California). Un Puente que está considerado como el primero sustentado por cables en el que la plataforma se equilibra con el peso de la torre inclinada hacia atrás, la que tiene una altura de 142 metros, y una inclinación de 48° realizada con secciones hexagonales de planchas de acero revestidas de hormigón en masa, en la que se alojan trece pares de cables que sostienen el tablero.

Para la construcción de dicho Puente se empleó una de las mayores grúas de tierra del mundo. El Puente no tiene tirantes, solo hay tirantes a un lado de la torre, siendo el primer Puente atirantado que no posee esta banda de tirantes, por lo que se tuvieron que realizar unas cuantas actuaciones tanto en su diseño como en su ejecución. Es conocido el alto del Puente que sirve como mirador como "el ojo de cabeza de caballo". Una obra faraónica donde trincó bien el amigo Calatraba a costa de unos cuantos golfos que pagaban con el dinero nuestro.

El porqué del apellido Japón en Coria del Río.


El porqué de los apellidos japoneses en Coria del Río tiene su explicación, aunque algunas veces otras explicaciones no nos convenzan del todo. Un pueblo que más de quinientos habitantes llevan el apellido Japón, todo un récord y siendo este pueblo de España el que mayores descendientes tiene de samuráis, por lo que parece que estamos en el Japón Andaluz.

Y toda esta historia viene del siglo XVI, época en la que los españoles empezaron a viajar por Nueva España (México) y China por el Océano Pacífico para hacer grandes tratos comerciales. Empezando España con Japón a entablar una relación para expandir el cristianismo y sobre todo, por las muchas naves que naufragaban en sus costas por malos temporales.

Es en 1611, cuando el explorador Sebastián Vizcaíno llegó a Japón desde Nueva España, no siendo sus encuentros con Shogun muy buenos, más bien todo lo contrario por no respetar las grandes costumbres de los japoneses. Por eso siguió su viaje Sebastián por el norte de Japón, donde su embarcación naufragó y el Shogun le hizo otra pero por interés: enviar una misión japonesa a España para negociar un tratado de comercio con el Rey Felipe III y el envío de misioneros cristianos a Japón con el Papa. Siendo el elegido de llevar esta expedición el samurái Hasekura Tsunenaga ( un nombrecito sencillo).

Partió Hasekura con otros samuráis, comerciantes y marinos de Sendai en 1613 a España, los que llegaron a Coria del Río y pararon por ser bastante complicada la navegación del río para partir hasta la bella Sevilla. Esta comitiva de japoneses se quedó en Coria casi tres años que duró la visita. Pues las negociaciones como hoy muchas también fracasaron por condenar el Shogun de Japón la fe cristiana (siempre si se dan cuenta la religión de por medio). El amigo Hasekura se volvió a su país, pero fueron muchos los que se quedaron a vivir en Coria del Río. Por esto unas décadas más tardes aparecen los primeros apellidos Japón, y fue porque era mucho más sencillo de pronunciarse que los  impronunciables apellidos verdaderos, algo más que lógico.


La Cueva de los Covachos.



Todo el mundo, o casi todo el mundo conoce las Cuevas de Altamira pero pocos la que se encuentran en el municipio de Almaden de la Plata, a unos sesenta kilómetros de Sevilla llamada la Cueva de Los Covachos.

Entre dos canteras de la época romana está la Cueva de los Covachos. En la que podemos contemplar en su interior las primeras pinturas rupestres de Sevilla, las que datan de la última etapa del Neolítico. Esta Cueva tiene más de 1.200 signos, todos realizados con trazos simple y esquemáticos en un estrecho recorrido de 300 metros marcado por un acentuado desnivel.

Las pinturas de esta Cueva parece ser que significan la relación con los ritos de fertilidad que realizaban los moradores de la misma. De esta Cueva única hay que decir, que nunca ha tenido la atención que se merece, y yo particularmente creo que es porque esta en Andalucía, en otro sitio la hubieran dado a conocer mucho más.

La triste historia de Tomasín.



La triste historia o leyenda de Tomasín ocurrió en el barrio de San Marcos en Sevilla, un niño con tan sólo ocho años que quedó huérfano de madre y su padre trabajaba en la terminal de San Jerónimo. Donde su jornada laboral duraba casi todo el día (un estilo a hoy), por lo que el buen hombre no podía hacerse cargo de su hijo y llevó a las monjas del convento de Santa Isabel para que lo cuidasen.

Era Tomasín un niño bueno y bastante alegre, consiguiendo el cariño incondicional de las monjitas que lo tenían como a un Niño Jesús. Le encantaba la Semana Santa, por eso su mayor ilusión era salir de nazareno en la popular Cofradía de Los Gitanos, consiguiendo que las monjitas le hicieran una túnica y una vara pequeña para que pudiera cumplir su sueño de salir con su queridísima Hermandad.

Tomasín contaba los días para que llegase el día de salir vestido de nazareno. Pero por desgracia cayó enfermo unos meses antes de Semana Santa, y tras pasar algunos días en la cama, falleció. Una triste noticia que corrió como la pólvora por el barrio de San Marcos, estando el entierro lleno de vecinos sin poderlo creer que tenían que despedir al pequeño nazarenito amortajado con su túnica que las monjitas le hicieron. Una estampa conmovedora como ven.

Al llegar la esperada Madrugá, unos hermanos de la Hermandad de los Gitanos atravesaron la plaza de Santa Isabel para dirigirse a la Iglesia de San Román, de donde salía la Corporación. Siendo en ese momento cuando escucharon el ruido de una puerta de madera y extrañados vieron a un niño vestido con la túnica de la Hermandad y una pequeña vara en la mano. Asustados los hermanos vieron como el niño se alejaba y decidieron seguirle, pero ya no le volvieron a ver. Lo único que encontraron fue la pequeña vara en el suelo, la cual recogieron. Una vez terminada la procesión decidieron entregar dicha vara a las monjas del convento de Santa Isabel, no pudiéndose creer la Hermana Superiora que la vara hubiese salido de aquel lugar porque estaba bien guardada en recuerdo del niño que habían cuidado. Se ha contado más de una vez, que hay gente que aseguran que en la Madrugá han visto a un nazarenito salir del convento para intentar cumplir su sueño, salir de nazareno en Los Gitanos.

La Iglesia de San Fernando de Ternes.



Esta Iglesia dedicada a San Fernando, Patrón de Sevilla se encuentra en París. Su origen está en la desaparición de la parroquia Villiers la Garenne, un templo del que dependía el barrio de Ternes durante la Revolución Francesa.

Al aumentar la población como en todas partes, se tuvo que edificar una nueva Iglesia, por lo que el municipio de Neuilly adquirió en 1842 un solar y encargó al arquitecto Lesqueux que diseñase el templo. Siendo el Arzobispo de Par Dennis Auguste Affre, quien la inauguró bajo la advocación de San Fernando, la que a los diez años fue ampliada.

Es en 1970, cuando se tiene que renovar toda la zona y se traslada el templo piedra a piedra hasta su actual ubicación en la plaza de la Puerta de Terbes. La Iglesia es de estilo neo-bizantino, y no se piensen que es como las de Sevilla, para nada, las de la capital Hispalense están la gran mayoría llenas de arte, mientras esta de París es mucho más humilde.

Cuando Sevilla fue Capital de España.



Tanta historia atesora Sevilla, que hasta capital de España fue dos años durante las guerras napoleónicas entre 1808-1810 por estar la mayoría del territorio español invadido por las tropas de Napoleón.

Es el 16 de Diciembre de 1808, cuando el Conde Floridablanca, el que se encuentra enterrado en la portentosa Catedral de Sevilla como presidente de la Junta Central, órgano que tenía los poderes ejecutivo y legislativo españoles durante la ocupación napoleónica, convoca a la Junta en Sevilla. Siendo desde ese momento en el que se convierte Sevilla en la capital política de España hasta 1810.

Estaba la Junta Central ubicada en el Real Alcázar, sitio donde nace el germen de la España que vemos actualmente y que en 1810 se paso a Cádiz para forjar la Constitución de 1812, conocida como La Pepa. Decir que no sólo tuvo Sevilla en ese período el papel de capital de España. Pues tuvo una gran importancia en la guerra contra Napoleón y el alzamiento contra los franceses por ser el centro de operaciones desde donde se dirigían los movimientos y ser lugar donde el ministro Saavedra entabló relaciones con los británicos para ayudar a las tropas españolas durante la Guerra de la Independencia. Pero de nada sirvieron estas hazañas a la llegada de las tropas francesas a Sevilla, lo que hizo que la Junta Central se marchara a Cádiz sin hacer absolutamente nada Sevilla, sólo entregarse al ejército de Napoleón como un niño, algo que muchos historiadores patrios nunca le perdonaron.