Rastros y mercadillos de antigüedades.


Las antigüedades como todo en esta vida, han estado muchas veces en lo más alto y otras en lo más bajo. Ahora parece ser, que se han puesto de moda en muchos mercadillos y rastrillos una vez más, donde vemos de todo menos buenas antigüedades, quitando excepciones, claro está.

Gente de cualquier nivel suelen ir a estos rastrillos, la mayoría sin entender un carajo, solo de coger por vicio algo antiguo pero que para nada es una buena pieza decente como es una antigüedad en condiciones. Estas piezas la gran mayoría de las veces son cachivaches que en una casa no sirve absolutamente para nada, solo para ocupar espacio y limpiarle el polvo muy de vez en cuando, pero lo único que interesa al depredador que no entiende nada de nada de antigüedades es coger algo barato, aunque sea una mierda disecada.

Estos aficionados como se le suelen llamar a los que van de entendidos de antigüedades, son los que menos vergüenza tienen. Yo, particularmente por mi afición a los libros y a otros temas, suelo visitar algunos rastrillos y he visto a estos individuos regatear a un señor que vendía una llave vieja en 2 € para que se la dejase en 1,50€. ¿A que manda cojones? Pues más cojones manda que haya imbéciles que se crean que en cualquier rastrillo puede haber un Murillo, que no digo que no, pero en copia mala o simplemente una decorativa  lámina envejecida por el paso del tiempo que en todo hace huella, el que ni ha logrado que cueste más de 10 € o 20€. Los rastros y mercadillos están muy bien para distraerse, por ejemplo buscar algo que ya no exista y se quiera tener como recuerdo, buscar un libro curioso, una figura de Lladró si la encuentra y poco más, porque lo bueno o decente, antes de ponerse el rastro ya está más que vendido a algún avispado anticuario.


Un día como hoy. Monasterio de San Jerónimo.



Un día como hoy 11 de Febrero de 1414 fue la consagración del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista de Sevilla con la asistencia de los dos cabildos, catedralicio y secular. Dicho Monasterio se incorporó a la Orden Jerónima en 1426.

Motín en la Cartuja de Sevilla.



Todo empezó por el hambre, la que al igual que hoy hacía estragos en los más necesitados mientras que los pudientes miraban hacia otro lado. Es el 8 de Febrero de 1818, según nos cuenta en sus Anales Velázquez y Sánchez, que recios temporales paralizaron las faenas agrícolas en nuestra comarca, haciendo en extremo angustiosa la situación de los trabajadores y en los pueblos de escasos recursos, en los que faltaron pronto los arbitrios para conjurar la miseria de los jornaleros amenazando con serias complicaciones esa cuestión social, siempre inminente y acerba en Andalucía por desgracia.

 Fue la mañana del día antes citado, cuando los braceros de la Vega de Triana en número sobrepasaban los dos mil, y algunos armados se concentraron ante la puerta de la Cartuja sevillana reclamando a voces un jornal. Por esto salió el Prior y hablo con ellos y al rato se puso una mesa en la portería, para que recibieran limosna de un real de vellón por cabeza. Pero como casi siempre, todo termino en tragedia por culpa de la poca paciencia o educación de un jornalero que no espero su turno, lo que provocó una gran pelea con arma blanca y la muerte de un jornalero.

 Se presento por la pelea el Teniente cuarto en la asistencia en el lugar de los hechos, práctico las diligencias sumarías, se recogió el cadáver, se dispersaron los campesinos y una compañía militar fue enviada al monasterio para evitar que ocurriera otra tragedia. Hoy lamentablemente se sigue dando está triste situación en muchos lugares de nuestra geografía.

Cristina de Noruega. La Princesa que vino del frío.

Boda de Felipe y Cristina.


Esta desconocida mujer para muchos se llamaba Cristina, mujer que vino del frío de Noruega, rubia y bastante bella. Precisamente, a Noruega se acercó una embajada castellana en el año 1257 para pactar alianza con el Rey Haakon y conseguir el apoyo de la monarquía noruega a las pretensiones de Alfonso X el Sabio, el que creía tener derecho a ceñirse la corona por parte de su madre, la Reina Beatriz de Suabia.

No consiguió Alfonso X el Imperio, pero si el pacto con el Rey noruego que se firmó con el casamiento de los jóvenes Príncipes de ambas corona. Es por esto, por lo que la princesa Cristina llegó con la embajada castellana a España en 1257. Una vez en España Cristina, Alfonso le mostró a sus hermanos para que decidiera entre ellos a su futuro esposo, siendo el elegido Felipe, arzobispo electo de Sevilla, que para nada tenía mucha vocación y no se lo pensó como se suele decir dos veces en elegir, quien fue un gran cazador de osos, no de cualquier cosa, en fin, cosas de pudientes.

Fueron los esponsales el 6 de Febrero de 1558, renunciando Felipe unos días después a la mitra hispalense para casarse con la bella noruega el 31 de Marzo en la Colegiata de Santa María de Valladolid, pasando la diócesis de Sevilla a manos de Don Remondo, obispo de Segovia.

La estabilidad y felicidad de la pareja duro muy poco. Pues la joven noruega al estar habituada al frío noruego, no pudo con el famoso calor sevillano y murió en 1263. Su cuerpo fue llevado por Felipe a la Colegiata de Covarrubias, donde se encuentra enterrado, en Burgos, de la que él había sido abad. Según una tradición escandinava hay una campana junto al sepulcro de Cristina que asegura, que la joven que la toque encuentra pronto a un novio. Hoy tal como esta el tema de las parejas mejor no tocarla, por si acaso.



Un día como hoy 5 de Febrero de 1624. Arzobispo Luis Fernández de Córdoba.


Foto de Daniel Salvador.


Un día como hoy 5 de febrero de 1624, repicó la Giralda por lección para el Arzobispado de Sevilla de don Luis Fernández de Córdoba, arzobispo de Santiago.

Una frase célebre de un sevillano.

Esta es Castilla que hace a los hombres y los gastas. Dicha frase muy conocida fue pronunciada por el caballero sevillano Alfonso Fernández Coronel el 2 de Febrero de 1353, padre de la famosa heroína doña María Coronel.

Curiosidades sevillanas. El diluvio de 1626 en Sevilla.



Fue el 25 de Enero de 1626 cuando se produjo en Sevilla una de las riadas más fuertes de la historia. Tanta fue su fuerza, que dicho año se le conoció como "del diluvio".