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Escritores.
Hoy hay escritores hasta debajo de las piedras. No se de donde han salido pero la verdad es que muchos no deberían de publicar ni un TBO. No entiendo como alguien que va de escritor no tenga al menos una buena biblioteca en su casa o frecuente librerías de viejos libros.
Pintores.
Hay muchos pintores que se creen estar cotizado, si, pero por unos cuantos carajotes que le siguen el juego. El verdadero artista nada se cree.
Es vergonzoso.
Es vergonzoso, que para que los españoles que no tienen adsolutamente nada tengan que conseguir una patera para que le ayuden.
En España estudiar.
En España estudiar y estar preparado no sirve un carajo. Sólo tienen que ver lo que hay en televisión y en política, indeseables a docenas.
El tonto de capirote.
El tonto de capirote es solemnísimo. Y esto no se confundan, que no lo dijo ningún aburrido rancio cofrade. Lo dijo Don Miguel de Unamuno en uno de sus magistrales libros, nada que ver con lo que hoy se está leyendo.
La leyenda de la gitana con el pintor Murillo.
Fue el genial pintor Murillo protagonista de una de tantas leyendas que han llegado hasta nosotros, las que muchos eruditos historiadores no le echan mucha cuenta ni falta que nos hace para seguir respetando a las leyendas y sobre todo a la historia, que también forman parte de esta.
Cuentan que una vez, paseando el pintor sevillano por los alrededores de la gigantesca Catedral de Sevilla, se le acercó una gitana que se aventuró a leerle su destino, la que al momento asustada le miró a los ojos y le animó a no acudir a ninguna boda, porque en una de esta estaría su trágico final. Dicen que, además de ferviente hombre de fe, era bastante supersticioso, llegando a rechazar alguna invitación por miedo a que se cumpliera la profecía. Como vemos, esto de las supersticiones no sólo fue de aquella época, hoy también siguen entre nosotros.
Pasado un tiempo y entrado ya en años Murillo, le llegó un encargo del Convento de los Capuchinos de Cádiz para revestir del arte de sus pinturas el retablo mayor de la desaparecida Iglesia de Santa Catalina. Por este encargó el artista sevillano se quedó durante un tiempo en el mismo convento donde daría sus últimas pinceladas de ensueño. Y el trágico destino que ya le dijo la gitana se cumpliría, no como marido ni padrino, no, como autor del cuadro de una boda, que era Santa Catalina en su divino compromiso con el mismísimo Dios.
Los desposorios místicos de Santa Catalina representa el momento en el que una corte de seres celestiales imponen la corona y un anillo en el dedo a la Santa. Una boda espiritual y que Murillo no pudo terminar en la Iglesia de Capuchinos de Cádiz por tener que volverse a Sevilla con grandes dolores al caerse de un andamio cuando estaba pintándola. Hay que decir, que el artista sevillano no murió en el momento, pero dejó desde ese momento de pintar hasta su muerte. Como ven, el destino que le predijo la gitana se cumplió.
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