El aguardiente de Cazalla.


Que me hubiera gustado estar en la época que  según cuenta una leyenda local de Cazalla, fueron los monjes cartujos quienes inventaron el bendito aguardiente.

Los cartujos, que son cartujos pero no tontos como algunos, crearon una hospedería en el monasterio dónde no cobraban nada de nada a los viajeros, para así atraer y no espantar a compradores de sus productos como el vino que preparaban para misa.

Un año tuvieron una gran cosecha los monjes, tan buena fue, que al no saber lo que hacer con ella (que pena que yo allí no estuviera) decidieron crear una nueva bebida, mezclando el vino con hinojo. Y así surgió el aguardiente, de la mano de estos cartujanos entre oraciones y el silencio que los caracterizan, llegando a tener Cazalla sobre 12 o 14  destilerías. Hoy por desgracia solo quedan unas cuantas como la conocida Miura y El Clavel.

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