El Descendimiento de Ortega Bru de Jerez.


Puede sentirse orgulloso el pueblo de Jerez de poseer una de las mejores obras sin duda alguna del imaginario de San Roque (Cádiz), como es el soberbio misterio del Descedimiento de la Iglesia de la Victoria. Un genio que revolucionó la imaginería sevillana y la de Jerez con ese gran dramatismo desgarrado que sólo él entendía así en sus portentosas creaciones religiosas.


Sería en 1955, cuando el artista de San Roque se traslada a Madrid, donde monta un taller después de trabajar para la famosa firma Casa Granada. En esta etapa madrileña abarcada desde 1955 a 1974, es cuado crea el sublime Descendimiento de Jerez, una de las obras más importantes del siglo XX.


La muy bien ejecutada imagen del Señor del Descendimiento es toda de talla y de tamaño natural al igual que los Santos Varones. Imagen en la que vemos la fuerza única del dibujo valiente de Ortega Bru y las magistrales expresiones de los rostros del grupo gracias a los amplios conocimientos del artista, el que deja para Jerez está obra de Museo que todos los Viernes Santo pasea por las calles de un Jerez que para nada necesita más Cofradías nuevas fundadas por cuatro aburridos rebotado, que lo único que buscan es su propio protagonismo. Sin pensar algunos, que un pueblo como Jerez está más que sobrado de Cofradías, y que antes de tanto fundar habría que levantar a la Cofradías antiguas para que no den ese lamentablemente espectáculo de no llevar casi a nadie en sus filas nazarenas.

Curiosidades cofradieras. Ortega Bru y el Baratillo.




Fue en 1952, cuado el grandísimo imaginero y uno de los más importantes del siglo XX Luis Ortega Bru contrae matrimonio en la Capilla del Baratillo de Sevilla con Carmen León Ortega. Año también que consiguió el primer Premio Nacional de Escultura por su portentosa obra "La Piedad" e ingresa el 2 de Febrero como hermano en la señera Hermandad de Santa Marta de la capital sevillana.

El Antecabildo de la Catedral de Sevilla.



El Antecabildo fue realizado en su traza arquitectónica por el afamado arquitecto Hernán Ruiz II, quien trabajó en él hacia 1560 y fue concluido por Asensio de Maeda hacia 1582. Terminándose en un recinto rectangular cubierto con bóveda de casetones.

Fue el programa iconográfico de este maravilloso recinto realizado en tiempos pasados. Un lugar de administración de la Catedral que exalta las virtudes que deberían de tener los eclesiásticos que se ocupaban de la economía del templo.

En el lado derecho hay representaciones de La Justicia, Prudencia, Fortaleza, Providencia y unos relieves de Moisés conduciendo al pueblo de Israel, El castigo de Amon, Moisés cobrando prodigios ante el Faraón, La Ramera apocalíptica sobre la hiedra y La Torre de Babel. Mientras que en el muro izquierdo es tan las representaciones de La Piedad, Templanza, Esperanza, Caridad y unos relieves con la Venida del Espíritu Santo, La Sabiduría con las Ciencias y las Artes, Jesús entre los doctores, Los Vicios con la Ira y la Justicia expulsando a los Vicios, esos que hoy han invadido el mundo. Y en sus muros frontales aparecen las representaciones de Los Cuatro Evangelistas, La entrada de los animales en el Arca de Noé y El Sacrificio de Noé después del Diluvio. Siendo las esculturas de esta sala atribuidas a Diego de Pesquera entre 1575-1580.

El Crucificado de Hernán Cortés de la Catedral de Sevilla.


Este maravilloso Crucificado de una gran expresión en su rostro, se encuentra en la Sala Capitular de la Capilla Real de la Catedral sevillana.


Dicho Crucificado perteneció al conocido Hernán Cortés. Y es una obra anónima de la escuela filipina de principios del siglo XVI.

El retablo de San Juan Bautista del Convento de San Leandro.



En esta fotografía podemos apreciar el maravilloso retablo dedicado a San Juan Evangelista del Convento sevillano de San Leandro. Todo una joya de la Sevilla Oculta.

Aparece en el retablo un relieve central que representa a San Juan Bautista, y sobre este una portentosa cabeza degollada del Santo, obras ambas del grandísimo imaginero Juan Martínez Montañés. Siendo el resto de la esculturas obras del taller y las que representan: La Virgen y San José, Santa Isabel y Zacarías, junto con el relieve del Bautismo de Cristo.

Procesión.


Lo malo no es que todos los fines de semana tengamos una procesión en la calle. Lo malo es ver a los mismos de siempre con una prepotencia que ni algunos dictadores mostraban ante un público, estos imbéciles son los que van dando ejemplo con la suerte de que nadie se atreva a decirles  que no estan ahí por devoción, simplemente están por aburrimiento y sacar tajada a lo descarado. Pero siempre para su propio bien.

Libros.


  • Que mundo más maravilloso el de los libros, y que mundo mas asqueroso el de las editoriales ladronas.

El retablo de Santa Gertrudis del Convento de San Clemente.



Este bello retablo arcosolio de finales del siglo XVII se compone de banco, un cuerpo, tres calles y ático, el que está ornamentado con escenas de la vida de Santa Gertrudis. Vemos en su calle central una interesante urna barroca con un Cristo Yacente, y en la parte superior un gran lienzo de la titular, con un marco barroco obra del pintor Lucas Valdés a último del siglo XVII.

Son las calles laterales del retablo estrechas. Siendo la policromía del retablo de la parte frontal la que reproduce mármoles y jaspes de la reforma que se le hizo en el XVIII.

Bustos Tavera y la Estrella de Sevilla.


Escena de la obra.


Es la Estrella de Sevilla una obra de teatro escrita en 1623, siendo su autoría atribuida al dramaturgo español Andrés de Claramonte. Una obra que está ambientada en el siglo XIII, donde se refleja una visita del Rey Sancho IV de Castilla a la ciudad de Sevilla.

Una vez llegado el Rey Sancho a Sevilla quedó completamente extasiado por la bella joven Estrella Tavera, hermana del noble local Bustos Taveta y la que estaba enamorada del hidalgo Sancho Ortiz de las Roelas. Pero el astuto y muy cabrón del Rey, por sucias artimañas consigue acceder a los aposentos de la dama, provocando un gran enfrentamiento con Bustos Tavera.

El muy cabrón como lo llamamos antes al Rey, se enfadó tanto que ordenó el asesinato de Bustos Tavera, encargo que le hizo a Sancho Ortiz de las Roelas y que aceptó sin problemas por desconocer la identidad de Bustos. Cuando conoce que al que tiene que matar es a su cuñado, se lo piensa por el amor a Estrella y la fidelidad al cabrón del Rey, quedándose al final como todo rastrero y pelota con su Rey, por lo que sin pensarlo ni un segundo más mata a Bustos Taveta e ingresa en prisión por el crimen, siendo desde este momento cuando ingresa en un convento la Estrella de Sevilla para abandonar al asesino de su hermano. Sancho fue librado por el Rey, el que declaró que sólo cumplía órdenes, vamos, que aquí como aquella letra de la comparsa pero en vez de meter a la mujer metemos al Rey: "lo que diga mi Rey".

Los versos de Itimad y Al Motamid.



Cuenta la leyenda, que en la época del Rey taifa de Sevilla Al Mutamid que reinó de 1069 a 1090, paseando una tarde con su amigo Aben Amar contemplaban la majestuosidad del río. Cuando de repente se sintió inspirado y recitó unos versos con la intención de que los continuara Aben Amar:
"La brisa convierte al río
en una cota de malla."

 Los dos continuaron paseando. Pero Aben Amar estaba en ese momento tan en blanco que no le salían versos alguno, por lo que el Rey insistió repitiendo la misma frase:
"La brisa convierte al río
en una cota de malla." Cuando en ese instante una dulce voz de mujer respondía las palabras del Rey:
"Mejor cota no se halla
como la congelen el frío."

Quedó Al Mutamid tan maravillado de la joven que podríamos decir que sintió un gran flechazo por ella, la que se marchaba descalza por la vera del río junto a un burro. Fue entonces, cuando le pidió a Aben Amar, que la siguiera y la llevara a Palacio para tomarla como esposa, el que al seguirla descubrió que se llamaba Itimad y era esclava de un hacedor de Tejas de Triana llamado Romaiq. Negoció Aben Amar la compra de la bella joven con el hacedor, quien se la regaló al Rey diciendo que no hacía las cosas bien en su trabajo.

Es curiosa la llegada de Itimad al Palacio. Pues dicen que cayó enamorada del Rey al igual que éste quedó de ella la primera vez que la vio. Tanto Al Motamid como Itimad, sentían pasión por la poesía y las letras, y aunque el Rey podía tener a más esposas por permitirlo su religión sólo se quedó con la bella Itimad. Contando la leyenda, que un día se la encontró llorando y al preguntarle le dijo que echaba de meno el tacto del barro que usaba para hacer las Tejas, y sin pensárselo Al Almotamid le puso al día siguiente una enorme cantidad de barro y una mezcla de especias en uno de los patios.

Pasado un tiempo le vendría al bueno de Almotamid lo peor. Pues se sentía amenazado por la expasión del Rey Alfonso VI de León, siendo en este momento cuando pide ayuda a los almorávides, los que no sólo combatieron a los cristianos sino que fueron conquistando los reinos taifas. Por todo lo ocurrido y gobernando ya el emir Yusuf en las ciudades del Al Andalus desterró a Al Motamid y a su bella esposa Itimad a Agmat en las inmediaciones de Marrakech. Contándose, que mientras iban por el bello río Guadalquivir, Al Motamid e Itimad eran despedidos entre lágrimas sinceras de muchos sevillanos. Un destierro que llevó a los dos a la más absoluta pobreza. Pero sin perder nunca su gran amor.