Nada de nada.


Esto no es ni cancerígeno ni nada de nada, simplemente lo que hay que tener es un paladar del ... para apreciarlo. Con tonterías a Tonterialandia.

Ahora todo.


Ahora todo va a ser cancerígeno, vale. Pues que me den 10 kilos de chicharrones y 20 teleras de pan.

La Corona de oro de la Virgen de la Encarnación.


La bellísima corona de oro de ley de la Virgen de la Encarnación fue realizada por el gran orfebre don Fernando Marmolejo Camargo. Corona que le  fue impuesta a la Virgen por el Cardenal Bueno Monreal el 6 de Abril de 1971, Martes Santo, siendo su coste sufragado por devotos y hermanos.

La Corona es de este estilo barroco,  la que lleva en el aro inscrita la Salutación del Arcángel San Grabiel: "Dios te salve María, llena eres de gracia".

Virgen de la Encarnación.

El muñidor en las Cofradías.


La figura del muñidor se remonta a varios siglos, quedando hoy solo en la bellísima Cofradía de la Sagrada Mortaja.

Esta figura del muñidor es una creación barroca, siendo su función la de pregonero o avisador de los cultos que celebraban las hermandades en el templo (igual que hoy celebran  y son contados los que a ellos asisten), o también el caso de la salida procesional en la calle, que el muñidor recorría el barrio con una campanilla convocando a los fieles.

Decir, que las dos Cofradías más conocidas de Sevilla, como son la Macarena y el Gran Poder llevaron un muñidor. La primera según escritos lo hizo en 1624, abriendo  su cortejo el muñidor, y la segunda lo hizo a principios del siglo XVIII.

Muñidor de la Sagrada Mortaja.

Los cofrades de luz y sangre.


Fueron los primeros hermanos de luz los que formaban parte del cortejo procesional. Siendo curioso que no realizaban penitencia pública de ningún tipo, solo se limitaban a dar luz al desfile con antorchas o velas, todo un mundo muy diferente comparado con el de hoy, aunque parezca igual.

 Y entre los hermanos de sangre, hay que destacar a los empalados, los que se entablillaban con un madero el torso, los aspados, los que se sujetaban los brazos y piernas a la cruz y los flagelantes o disciplinantes, que se autoflagelaban en señal de penitencia pública, (hoy a más de uno habría que flagelarlo para que pongan un poquito más de su parte y no se crean que están en la Feria).

Los famosos disciplinantes o la práctica de la autoflagelación pública, aparecieron de la mano de San Vicente Ferrer en sus campañas de predicación entre 1411 y 1412. En los sermones hablaba San Vicente de la Penitencia como parte de la conversión interior del hombre hacia Dios, (hoy por mucho que dijera, creo que poquitos se flagelarían). Los antiguos disciplinantes de las Cofradías de Sevilla llevaban el rostro cubierto con antifaz y las espaldas desnudas  y todos con látigos, los cuales caminaban lentos y se daban golpes en las espaldas ante el asombro más que la admiración del público, y cuando la Cofradía regresaba de su estación a su Capilla le tenían preparadas algunas vasijas grande con vino hervido, arrayán en polvo (no confundir con la pesadala serie de Canal Sur), laurel, violetas, Romero y rosas para que se lavaran las heridas que traían, siendo estos asistidos por los hermanos que por alguna causa no habían salido o por los cofrades de luz.

Según Bermejo, dice que los hermanos de sangre llevaban unas rodezuelas como unos bolillos de cera, cubiertos de hilos basto cuyas extremidades terminaban casi en punta, y en su centro, que figuraba una rueda, estaba embutidas varias piedrecitas que terminaban en puntas, con las cuales se herían muy fuerte los disciplinantes. Antes de terminar, diremos que hoy los cofrades que recuerdan  a los de luz son los que portan cirios y los que recuerdan a los de sangre son los nazarenos penitentes que portan la cruz sobre su hombro, siendo Carlos III quién con una Real Orden suprimió en 1777 a los disciplinantes.

El origen de las procesiones de Semana Santa en Sevilla.


Se puede afirmar, que el origen de las procesiones de Sevilla en la Semana Santa viene del conocido Vía Crucis de la Cruz del Campo, implantado por Don Fadrique Enríquez de Rivera en 1521.

 El Vía Crucis creado por el primer Marqués de Tarifa recorría el camino que hizo Jesús en el Calvario, sobre unos 997 metros (1.321 pasos) , que era la distancia que separaba el pretorio de Pilatos del Monte Calvario; y en Sevilla sería la distancia que separa  la actual Casa de Pilatos de la Huerta de Los Ángeles, próximos donde erigió posteriormente la Cruz del Campo (no confundir con la Fábrica de Cerveza).

Como vemos, Don Fadrique pretendió implantar en el Vía Crucis sevillano el mismo recorrido que hizo Jesús en Jerusalén el día de su crucifixión con las mismas medidas traídas de Tierra Santa, lugar que visitó el año de 1521.

El Vía Crucis constaba de doce estaciones, las cuales se repartían desde la Casa de Pilatos hasta la Cruz que se alzó en la Huerta de Los Ángeles, situada en la actual calle Luis Montoto, siendo alterado el recorrido en el año de 1630 por el tercer Duque de Alcalá, quien traslado la XII estación al Humilladero de la Cruz del Campo. En 1740 se añadieron dos nuevas estaciones, quedando el Vía Crucis con 14 paradas, unas estaciones que estaban señaladas con cruces de madera pintadas de negra a las que se añadía tres clavos, y a sus pies una tablilla de madera con la inscripción correspondiente. Hoy estas estaciones se encuentran realizadas por artísticas cerámicas, con motivos de los distintos titulares de las Hermandades de Semana Santa.

Como curiosidad comentar, que según José Sánchez Herrero, confirma que las corporaciones no fueron creadas como muchos creen en su origen con el fin de practicar la caridad, realizar acciones benéfico-asistenciales o cumplir obras de Misericordia. Solo se centraban en la contemplación y devoción de Jesús desde su nacimiento de María hasta su Pasión y Muerte en la Cruz.

Hasta soñando.


Hasta soñando veo Cofradías, me encantan, las sigo, las siento. Pero miren, ya cuando llega Semana Santa no sabe sí está en esta época o en una EXTRAORDINARIA.

El Martes Santo de 1930.


Fue lo más destacado del Martes Santo de 1930 la llegada a Sevilla del Rey don Alfonso XIII y su Augusta Familia, llegando sobre las diez en punto a la estación de la Plaza de Armas en el tren que era conducido por el duque de Zaragoza. Le dio la bienvenida el alcalde y una compañía del Regimiento Granada, que le hizo los honores.

 Todas las autoridades, religiosas, militares y civiles se reunieron junto a una gran multitud de curiosos que llenaban la explanada de la Plaza de Armas, interpretándose la Marcha Real cuando bajó del tren el Rey en primer lugar, seguido de la Reina Doña Victoria Eugenia, el Infante don Jaime y las Infantas Doña Beatriz y Doña Cristina, presentando armas una compañía del Regimiento Soria 9, y una cuadrilla de aeroplanos.

 La gran comitiva pasó por las calles Marqués de Paradas, Reyes Católicos y Paseo Colón hacia los Reales Alcázares,  uniéndose a la escolta unos caballistas al estilo andaluz mientras que en la Plaza del Triunfo y sus alrededores no cabía un alma más, un público que esperaba a los Reyes como si se tratase de una Cofradía, hasta que apareció el Rey y su Familia en el balcón principal del patio de la Montería, dónde se dejó pasar al pueblo que desfiló ante el balcón. Como curiosidad comentar, que está visita se produjo el 15 de Abril, y un año después el Rey embarcaría  hacia el exilio. Las cosas de la vida.

Buenas noches.


Ante todo buenas noches, y ustedes se dirán, que carajo tendrá este tío entre manos. Pues ninguno y perdonen a los que se creían que algo en mis manos llevaba, simplemente es que como estamos en tiempo y a la vez en víspera de salida extraordinaria decir: ojalá hiciéramos del día a día una salida extraordinaria con nuestros abuelos, padres, tíos, hermanos, amigos e incluso enemigos, creo que Dios, Jesús o la Virgen hasta nos lo agradecerían más que sacarlo por nuestras calles.

Pero tranquilos, no se metan conmigo, que solo es mi pensar y sólo voy, no acompañado como otros para defenderse en grupo. No es mi intención, mi intención solo es reflexionar.

Que no me hablen.


Que del cielo no me hablen, que no me digan lo que es. Pues como cualquier Macareno ya conozco uno y está en San Gil.

Foto de Francisco Narbona Soto.