El famoso rebujito.



Es curiosa la historia del rebujito, o mejor dicho su origen, el que nada tiene que ver con Sevilla aunque en su Feria de Abril se beba tela del telón muchas veces con más hielo que vino. Su origen es inglés, y se llama "sherry cobbler".

Aquí en España el famoso rebujito  toma auge por unos farmacéuticos granadinos, los que por los años ochenta en la caseta de "La Rebotica" de la Feria del Corpus de Granada se quedaron sin bebida y buscando dieron con unas botellas de vino de Jerez. Unas botellas que al ser de otro año no estaban en buen estado, por eso para disimular el sabor la mezclaron con Seven Up, que fue lo que tenían a mano sin pensar nunca en el exitazo que años después tuvo el rebujito y sigue teniendo engordando los bolsillos de un montón de golfos que lo sirven como un mojón.

Viene el rebujito de rebujo, vino con azúcares y agua carbonatada bastante típico en Huelva. Pero hay que decir, que esta bebida que lleva más hielo que otra cosa tiene su verdadero origen en la Inglaterra Victoriana del siglo XIX. El sherry cobbler, el que es el antecedente del rebujito feriante, cocktail compuesto con vino de Jerez, Soda, azúcar y una rodaja de naranja, nada que ver con los que en la Feria le ponen corriendo y carísimo para ser casi todo hielo.


Bécquer y la joven Amparo de la Venta de los Gatos..



La famosa Venta de los Gatos existió desde el siglo XVIII, la cual estaba próxima a la orilla del río Guadalquivir. Un lugar frecuentado por la gente de Sevilla en las tardes de los días de fiestas para merendar, cantar o bailar en donde los chiquillos jugaban por la zona (hoy la gran mayoría de chiquillos están con la Play).

Cuentan que el gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer estuvo en la Venta por el año 1854, el que admirado por la gran belleza de una joven que estaba cantando en un grupo sacó su lápiz y Block y le hizo un retrato de su rostro, que más tarde se lo regalaría al novio de la joven, la que se llamaba Amparo y fue abandonada recien nacida. Siendo acogida por el dueño de la Venta, padre del novio que al hacerse mayores se enamoraron.

A Madrid se marchó Bécquer durante algunos años, y cuando regresó a Sevilla quiso pasar una tarde en la famosa Venta de los Gatos. Pero ya nada era igual para Bécquer cuando entró en la Venta y preguntó al dueño por la muchacha y por su novio, del que fue amigo antes de irse a Madrid. Contándole el dueño, que los dos se iban a casar pero al aparecer dos señores interesados por la joven le preguntaron su edad y fecha de nacimiento en la que fue recogida, y una vez que se dieron a conocer dijeron que la niña había nacido de los amores de una Dama sevillana, la que a pesar de abandonarla siempre la estuvo vigilando y que al cambiar su vida reclamaba a su hija para que se fuera con ella .

Como era de esperar, el dueño de la Venta se opuso. Pero aún así los tribunales devolvieron a Amparo a su madre, que no quería para nada que su hija se casase con su novio de condición humilde. Por eso le cortó al momento sus quedadas para que lo olvidara, lo que hizo que la bella amparo perdiera su alegría y hasta su salud hasta llegar a enfermar de tuberculosis.

El novio de Amparo ante las circunstancias sólo salía a dar sus paseos lleno de melancolía y sufriendo cada vez más por su amor, el que un día presenciando el joven un entierro, al efectuarse la ceremonia abrieron el ataúd para que todos los familiares del difunto se despidieran por última vez, y al acercarse para su asombro vio con gran dolor en su corazón que el cuerpo que se encontraba en el ataúd era el de la bella Amparo, su gran amor, lo que le provocó un desmayo que al despertar había perdido la razón, y no es que es hubiera loco, no, estaba destrozado por culpa de las maldades del ser humano. 
Terminó el joven con su padre en una habitación que le preparó en la Venta para no llevarlo a ningún manicomio, lo único que ya hacia era llorar a diario por su gran amor y recordarla cantando alguna canción. Así por desgracia terminan muchos tanto antes como ahora, y siempre por las maldades del ser humano.

El Palacio de las Dueñas de Sevilla.



El maravilloso Palacio de las Dueñas, donde vivió la Duquesa de Alba se encuentra en la no menos maravillosa ciudad de Sevilla en la calle Dueñas. Este Palacio fue construido entre los siglos XV y XVI, fundado por la importante familia de los Pineda que lo tuvieron que vender en el año 1484 a Catalina de Ribera para salvar a Juan de Pineda, el que había sido prisionero de los moros, pasando el Palacio a la propiedad de la Casa de Alba tras el matrimonio de la IV Marquesa de Villanueva del Río con el VI Duque de Alba, viniéndole su nombre del monasterio de Santa María de las Dueñas, que en 1248 se conocía como Compañía de Dueñas, donde sus monjas se encargan de dar servicio a reinas y esposas de los reyes Fernando III y Alfonso X. 


Se compone el Palacio de las Dueñas de un conjunto de patios y bellos edificios, siendo su estilo desde el gótico-mudéjar hasta el renacentista, con muchísimos detalles como azulejos o cerámicas. Se puede ver en su entrada el escudo del Ducado de Alba en azulejo de últimos del siglo XVII.


Fue reformado este bello Palacio en los siglos XVIII y XIX. Un Palacio que atesora una importantísima colección artística de más de 1.300 piezas entre las que destaca la de los artistas Federico de Madrazo, Zuloaga, Gonzalo Bilbao, Benlliure o José de Ribera entre otros muchos, todo un Museo. En el muro de la entrada del Palacio hay una placa que recuerda que en una de las dependencias que alquiló el administrador del Duque a los padres de Antonio Machado nació y vivió su infancia, narrando así el poeta en uno de sus escritos:
      
 "Mi infancia son recuerdos de un patio de
         Sevilla,
        Y un huerto claro donde madura el limonero;
         mi juventud, veinte años en tierras de
         Castilla;
         Mi historia, algunos casos que recordar no
         quiero."
             - Campos de Castilla, Antonio Machado.
           

La calle Pimienta de Sevilla.



La calle estrecha de la Pimienta se encuentra en el popular y archiconocido barrio de Santa Cruz de Sevilla, típica y con encanto la cual conserva aún azulejos judíos por donde se encontrará usted un día cualquiera con un montón de curiosos turistas que todo se lo patean. Una calle donde vivieron personajes de la talla como la gran actriz de teatro del siglo XX Doña María Guerrero, el torero Currito de la Cruz o el conocido canónigo de la Catedral Don José Sebastián Bandará.

Según la leyenda y no un servidor, cuenta que en esta calle vivía un importante comerciante judío de especias que no estaba en su mejor momento. Por eso atribuía el comerciante a Dios su mal momento hablando bastante mal de él, hasta que un caballero pasando por el sitio lo escucho y le reprendió. Fue entonces cuando el comerciante se dio cuenta de su metedura de pata y empezó a llorar brotando de sus ojos plantas de pimienta.

También hay otra curiosa leyenda que dice, que el comerciante judío estaba más que convencido de que Dios nunca recurriría a la pimienta ante una situación de hambruna. Pero cambió de pensar cuando le apareció un árbol de la pimienta en su patio. Por eso la bautizó con en nombre de calle Pimienta.

Los sevillanos Leones del Congreso de los Diputados.



Los curiosos leones del Congreso de los Diputados como algunos sabrán y otros no, son más sevillano de lo que se creen. Unos leones que son conocidos con los nombres de Daoiz y Velarde, en honor a estos dos héroes de la Grerra de la Independencia y que explicaremos su interesante historia.

Todo en empezó en 1850, cuando la Reina Isabel II inauguraba el Congreso de los Diputados, en cuya entrada estaban dos farolas que por lo visto no pegaban ni con cola. Por eso se propuso sustituirla por dos leones que dieran otra imagen de grandeza a España, la que actualmente no tiene ninguna.

Los primeros leones fueron encargado al escultor Ponciano Pinzano (que tiene una rima con mucha guasa), artista zaragozano que los realizó en yeso recubiertos de pintura en color bronce, los que por las inclemencias del tiempo se deshicieron. Por eso se encargan unos segundos leones a José Bellver, por estar el prestigio de Ponciano por las nubes, que al estar tan poco conseguidos se retiraron de nuevo y hoy se encuentran en los Jardines de Monforte de Valencia. Siendo de nuevo encargados los leones a Ponciano, el que está vez los hizo con mucha más expresión con cañones fundidos de la Batalla de Was-Ras, en la Grerra de África en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en 1865.

Como curiosidad comentar, que los moldes de los leones se quedaron en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla hasta el año 2009, que pasaron al bello edificio de Capitanía en la maravillosa Plaza de España.

El origen del Olé.


El origen del empalagoso Olé, todo un signo en la cultura española se asocia como ya saben a los toros o al flamenco. Aunque hoy cualquier estúpido hace algo y ya le dicen Olé.


Muchos investigadores son los que afirman que Olé viene del griego, del verbo ololizin que designa el grito ritual de júbilo de duelo, gritos que se asociaban al dolor (un estilo a los de hoy en España hacia los políticos golfos). Aunque también hay otros investigadores que afirman que procede de un episodio bíblico en el que Jacob es engañado el día de su boda con Raquel, a la que al quitarle el velo descubre que es Lea. Es entonces cuando el público avisa a Jacob gritando "Oh, Lea", y de ahí se deriva a Olé.


Pero aún hay otros investigadores que aseguran que la versión más real del Olé viene de Alá, de la exclamación ¡Alá! (Allah), que utilizaban los árabes cuando algo le agradaba o con espectáculos de baile, etc. Por todo esto el Olé no tiene tanto que ver con Andalucía o España como muchos creen, pero si es verdad que lo hemos echo muy nuestro, como todo lo que no debemos.

Ponerse como el Kiko.


Más de una vez habremos escuchado o incluso hemos dicho; ponerse como el Kilo. Pues bien, todo empezó según cuentan en Aznalcázar (Sevilla) en la celebración del Corpus del año 1940, en la que el Ayuntamiento invito a una gran mariscada(un estilo a la de los golfos sindicalistas) a las gentes más destacadas del pueblo, y entre otros menos importantes que asistieron estaba el archiconocido Quico.

Nuestro protagonista fue como una especie de pregonero (no confundir con los tantos que hoy tenemos en las Cofradías). Siendo el día citado del Corpus cuando se pegó un atracón de escándalo, tanto se lo pegó que estuvo desaparecido unos días hasta que fue encontrado bajo un puente, enfermo de fiebre y llevaron al momento a Sevilla, donde murió Quico. También dicen que el dicho puede venir de unos cuentos populares.

Venga de donde venga el dicho, lo que si es verdad es que hoy hay muchos Quicos, y están en nuestros ayuntamientos, cofradías, reuniones de un bar y en mil sitios más, todos comiendo a reventar y sin pagar un carajo.

Las casetas privadas de la Feria.


Foto El Mundo.


Como sabrán cada vez que llega feria escuchamos hasta la saciedad de que todas las casetas son privadas, y que es injusto patatín, patatín. Pero todo tiene una explicación, aunque a veces cueste de comprender. La Feria de Sevilla la fundaron un vasco y un catalán el 25 de Agosto de 1846, Narciso Bonaplata y José María de Ybarra, los que propusieron que se celebrara los días 19, 20 y 21 de Abril.

Se celebró por primera vez la Feria de Sevilla en 1847, la que estaba ubicada en el Prado de San Sebastián y no llegaba ni a veinte casetas. Nada que ver con la de hoy, la cual tiene más casetas que gente en la salida de cualquier Hermandad. Una Feria que se enfocó para la ganadería y agricultura y se pusieron unas carpas pequeña para resguardarse del sol, el que ya por esas fechas empieza a calentar y bien.

Y referente a lo de las casetas privadas fue el cuñado de la Reina Isabel II, el Duque de Montpensier quien organizó al año siguiente de fundarse la Feria la primera Feria privada. Instalando una campaña de lujo en un recinto privado y hasta vigilado para disfrutar a lo grande los días de Feria con amistades de su mismo nivel, vamos, que no quería nada en absoluto con el pueblo. Así fue como surgieron las casetas privadas, y lo imitaron muchas de sus amistades de buena posición en hacer lo mismo. Una Feria que también hay que decir, que tiene casetas públicas, pero muchas veces es mejo ni entrar de la  que hay formada.

Nación.


A una nación se ayuda siempre y cuando sus ciudadanos estén curados del odio. Mientras tanto seguirá viviendo en una constante Guerra Civil camuflada por la democracia.